viernes, 22 de febrero de 2013

Posició del PSC Lleida sobre el dret a decidir.


Us adjunto aquí el text íntegre de la MOCIÓ presentada pel Grup Municipal Socialista al Ple d'ahir a favor del Dret a Decidir. Va ser aprovada per majoria absoluta del Ple i per UNANIMITAT dels regidors i regidores socialistes.  -Els destacats en negreta són meus-

El Grup Municipal del Partit dels Socialistes de Catalunya presenta al Ple d’aquesta Corporació de febrer de 2013 la següent:

MOCIÓ

A Favor del Dret a Decidir

La Sentència del Tribunal Constitucional, que modifica l’Estatut aprovat en referèndum per una majoria de ciutadans i ciutadanes de Catalunya, va ser interpretada per molts com la confirmació que les ànsies d’autogovern de bona part dels catalans i catalanes no quedaven ja atesos en la Constitució Espanyola.

D’altra banda, el nou finançament acordat l’any 2009, que pretenia aturar el creixent malestar fiscal català, tampoc ha garantit el compliment del principi d’ordinalitat i de redistribució equitativa de recursos amb el l’Estat.

lunes, 11 de febrero de 2013

Las cuatro patas de la mesa.


Comparto aquí un post que he publicado en el blog Tinta Vermella, elaborado en el marco del Máster en Liderazgo y Comunicación para la Gestión Política (2012-2013), junto con mis compañeras de curso.
Saludos.

¿Qué tiene el PSC que no tengan otros partidos?

Los progresistas catalanes que buscan una oposición contundente a la política económica de CiU tienen en ICV una opción razonable.
Los progresistas que ven en la soberanía la gran —y única— solución a todos los problemas tienen en ERC o CDC una opción razonable.
Aquellos catalanes socialdemócratas que están hartos de nacionalismos sectarios, pero a quienes les da repelús votar al PP, tienen en C’s una opción interesante.

Visto así, ¿qué ofrecemos nosotros para que nos vean como la mejor opción? La respuesta no es fácil. Pero ahí va una propuesta.

En el ADN del PSC confluyen cuatro grandes valores que no coinciden simultáneamente en ninguna otra opción política. Veámoslos:

1. Clara vocación internacionalista
La obsesión por los símbolos y los territorios no es nuestra lucha. Ernest Lluch publicó en febrero del año 2000, en La Vanguardia, un artículo titulado “Nacionalismo y catalanismo”. En él explicaba cuáles eran, a su juicio, las diferencias entre ambos conceptos.

Para Lluch, el nacionalismo —ya sea español, catalán o austríaco— concede un valor altísimo, a menudo irracional, al hecho nacional. Un nacionalista antepone ese hecho a cualquier discurso, ya sea sobre política, lengua, cultura, financiación, fútbol o televisiones públicas.
Para nosotros, los socialdemócratas, no existe ese valor supremo, sino que lo consideramos comparable a otros valores de la sociedad o del individuo, como la justicia social, la escolarización de la infancia o la sostenibilidad económica y medioambiental.

2. La defensa de los más vulnerables

Hemos estado y estamos con las mujeres en su lucha por la igualdad efectiva.
Hemos estado y estamos al lado de las personas inmigrantes en su lucha por la supervivencia.
Hemos estado al lado de las personas homosexuales cuando, no hace tanto, reivindicaban sus derechos civiles.

Si esto es así, ¿qué nos pasó en mayo de 2010?
¿Por qué hemos tardado en reaccionar ante los desahucios provocados por los bancos?

Tenemos que volver a ser el partido de los más débiles. Lo llevamos en el ADN. De lo contrario, otras fuerzas de la izquierda española se consolidarán como una opción más atractiva.

3. Capacidad de gobierno

Somos un partido de gobierno. No podemos ni debemos renunciar a ese mérito. España entró en Europa de la mano del Partido Socialista. La sanidad pública española es, en gran medida, una construcción nuestra. La historia del municipalismo catalán no se entiende sin la aportación del PSC. Ciudades como Girona, Tarragona, Barcelona o Lleida son una muestra de ello.

4. Ética política

La Universidad de Cambridge cuenta con un centro de estudios sobre ética económica y política. Su directora, Rosamund Thomas, y su equipo investigan cómo afectan las conductas poco éticas a la economía de un país y a la competitividad de sus empresas. Una de las conclusiones más conocidas de sus estudios es que la ética no es solo una cuestión cívica, moral o religiosa individual: es también la base de la competitividad.

Creo que hace falta una verdadera revolución en este sentido. El mundo de los negocios todavía tiende a confundir a un estafador con un hábil negociador. Y en los partidos aún se confunde a un conspirador sin principios con un buen estratega político.

¿Por qué debería la sociedad apoyarnos a nosotros? Pienso que estos cuatro aspectos —históricos e inherentes al socialismo, y que muchos de nosotros llevamos en los genes— son los que deben hacernos sentir orgullosos de nuestro proyecto.

Son las cuatro patas de una gran mesa plural, un espacio de encuentro cívico y social que es nuestro partido. Cuatro patas que hoy están algo desenroscadas. Tenemos que apretar los dientes y reforzar esos pilares. Volver a enroscar y asegurar esas cuatro patas que darán robustez y solidez al PSC y al PSOE.