domingo, 20 de mayo de 2018

El Provisional.


Ya tenemos President autoproclamado provisional: “El Provi”, no confundir con el histórico local de la calle Vallcalent –apunte para avanzados-, por muy calent que vaya el discurso de Torra. Recuerdo la controvertida campaña electoral de Xavier García Albiol en las últimas municipales: “Limpiando Badalona” decía, vinculando inmigración a incivismo e ilegalidad. Algo parecido piensa El Provi de los –cito textualmente- “espanyols que viuen a Catalunya”. No les vincula directamente a ilegalidad, pero sí les acusa de no pertenecer a la raza superior independentista, y de antidemocráticos por no pasar por su aro (lo cansino siempre). El pensamiento del Provi no se reduce a dos tweets compulsivos, es fruto de su reflexión –delirio- desarrollada en artículos y libros. Creo que es una evolución radicalizada del Pujolismo más trasnochado que proclamaba sin disimulo la ciudadanía B de quienes no comulgaban con su nacionalismo. El Provi es un becario de Puigdemont, piensa lo que piensa Puigdemont y declara lo que le permite declarar Puigdemont. Es la expresión nacionalpopulista  de una parte, creo que minoritaria,  del independentismo catalán. Me dirán, El Provi tiene derecho a 100 días de gracia. Bien. Ha pedido disculpas. Vale. Además ha declarado que “el pueblo español es un pueblo hermano”. Vale, vale. Son legítimas maniobras de enganche para socios incómodos como las que hiciera José María Aznar en catalán y en la intimidad  a las puertas del Hotel Majestic. Maniobras de enganche para corregir la dirección de su xenofobia si no quiere que el viaje de curvas con el “independentismo inclusivo” de la CUP y la renacida visión del Procés de Junqueras sea un festival de vomiteras. Pero, piensen: aquí en Lleida el PDCAT es orgulloso discípulo de Puigdemont. Toni Postius pasó por la capilla belga tras ser proclamado alcaldable de Lleida para recibir bendición e instrucciones, y nos trajo su buenanueva a través de artículos en Segre y La Mañana, es decir,  la misma visita que El Provi ha hecho en Berlín. Son piezas del mismo engranaje; actores de la misma comedia.  Quiero saber si el PDCAT propondrá “Limpiar Lleida” de “espanyols que viuen a Catalunya” siguiendo la tesis del Provi. Necesitamos saber si el discípulo local de Puigdemont piensa como su mentor,  saber si los ciudadanos de Lleida no independentistas somos para él una raza inferior.  Y lo necesitamos saber cuanto antes mejor.
 No se ilusionen, Postius no les aclarará nada hasta que El Provi le escriba la respuesta.

jueves, 26 de abril de 2018

Cifuentes o agafar-se-la amb paper de fumar.


Me consta que tengo lectores aragoneses, concretamente en Huesca y Jaca. A ellos les digo que “agafar-se-la amb paper de fumar” es una expresión que utilizamos los catalanes para definir una manera de hablar previsible y quisquillosa; para quedar bien con todo el mundo y evitar herir susceptibilidades. La frase la aplicamos también, y ahí voy, a los que se ofenden con poca cosa exagerándola. O sea lo que está ocurriendo con el caso Cristina Cifuentes. A mí la ex presidenta me gustaba, no he votado al PP en mi vida pero Cristina me caía bien. La veía, con sus tatuajes y su eterna sonrisa  una bocanada de aire fresco en un partido de madera barnizada. Y, oigan, que dimite porque la Universidad Juan Carlos le ha dado un máster por la cara y por haber robado dos cremas en un Eroski. Esto ha pasado en el país del Cas Palau, de los Pujol, de las tarjetas Black, de los ERE de Andalucía y de la Gürtel.  Están linchando a una mujer víctima de un delito, pues tal como han explicado públicamente representantes de la Agencia de Protección de Datos Personales esas imágenes de 2011 debieron ser destruidas por los presuntos delincuentes un mes después de ser gravadas: fuerte. ¿Cristina Cifuentes tenía que dimitir? Seguramente sí. ¿Es justo que destrocen su persona? ¿Que se ensañen en las redes y los whatsapp en salvaje linchamiento público con tintes –creo-  machistas? Me encantaría que pensaran que no. No se engañen, si en lugar de una política robando dos cremas se tratara de un político robando dos puros o una botella de vino en el Círculo Ecuestre probablemente muchos de los que hoy se la cogen con papel de fumar dirían que es una chorrada. La conclusión es que ha dimitido, y con su dimisión lanza un aviso para navegantes, no pasen por alto el antecedente: en España se dimite por tontear con un máster y por robar dos cremas en el súper. A ver si estaremos enterrando el Lazarillo de Tormes; a ver si va a ser verdad que somos europeos.

jueves, 29 de marzo de 2018

El Catalanismo reflejado en los espejos cóncavos da el Procés.


Soy muy fan del Esperpento. Ya saben, el género de Valle-Inclán. Creo que esa deformación de la realidad puede ser divertida, o así hay que tomársela. La mejor definición del Esperpento nace en boca de Max Estrella, personaje principal de Luces de Bohemia cuando declara: «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. [...] Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.”
 Los seguidores de este blog sabrán que siempre he distinguido el catalanista (independentista o no) de corazón, inclusivo, paciente, a mi juicio sensato, del procesista hiperventilado, mayormente converso, vendedor de crecepelo, generador y difusor de asombrosos bulos vía WhatsApp, Facebook y Twitter que previamente ha digerido con fe religiosa y sin masticar. El catalanismo, indepe o no, reflejado en un espejo cóncavo da el Procés. Yo, como mucha gente en Catalunya, convivo con las dos imágenes a diario. Los grupos de WhatsApp son el hábitat idóneo donde brilla cada una de ellas: el procesista asume como dogma cualquier noticia o dato que le echen venga de donde venga siempre que le encaje en su esquema mental, mientras que el catalanista, indepe o no, selecciona las fuentes de información y analiza el contenido de la noticia con espíritu crítico, desoyendo y borrando bulos.  El procesista se ha tatuado el dogma “ni un pas enrere” y, como buen Esperpento, no existe otra realidad de las cosas. Piensan: "lo mío es la verdad revelada el resto es antidemocrático".  El catalanista -indepe o no- por contra, sabe que primero va Catalunya y que hay líneas rojas en beneficio de la convivencia de sus gentes y piensa "lo mío es seducir al resto para que comparta mi proyecto de país". Aquella pantalla pasada  de ampliar la base social del catalanismo, ¿recuerdan? El seny frente la rauxa.
 Sigo un chat de WhatsApp con buenos amigos procesistas y algún sufrido catalanista; como se pueden imaginar yo estoy emboscado, si abro la boca comienza la techno rave. Me tiene especialmente alucinado como engullen patrañas informativas sobre el CNI, Mossos, Putin, conspiraciones sobre el atentado de las Ramblas, estrategias propias de la guerra fría que han oído que comentó el cuñado de la prima de uno del gabinete de Puigdemont o consignas hiperventiladas a lo Braveheart, en fín, imagen cóncava. Se caricaturiza el catalanismo.  Pero es divertido, o por lo menos recomiendo el sentido del humor y els somriures para convivir con ello.  «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”.



viernes, 23 de marzo de 2018

Plan A


Després de seguir el Ple d’investidura del Parlament d’ahir 22 de març, i exercint el meu dret a somiar, compateixo la meva modesta fulla de ruta per sortir de l’atzucac, de la rentadora, de la roda d’hàmster...del Dia de la Marmota:

1.- S’investeix amb els vots del PSC ( i qui sap si de C,S)  una Presidenta o  un President indepe que hagi aparcat el ‘Procés’ prioritzant l’autogovern, les polítiques socials i el desenvolupament econòmic.

2.- Conseqüència directa del punt 1, es recupera la normalitat institucional sense renunciar cadascú a la seva ideologia i cauen les mesures derivades de l’article 155 de la Constitució recuperant-se l’autogovern.

3.- Arribats aquest punt, es redueix, si no s’elimina, el risc de reiteració delictiva dels polítics empresonats pels presumptes delictes de rebel·lió, sedició i malversació de fons públics, motiu pel qual la presó preventiva tindria poca justificació jurídica.

Aquesta “Fulla de ruta” requereix visió d’Estat, requereix de l’independentisme llums llargues i també cessions importants de C,s (Iceta les va oferir ahir), perquè un govern pot fer polítiques de consens pel desenvolupament econòmic i social de Catalunya en el marc de l’Estatut i la Constitució independentment que sigui indepe, federalista o unionista. Aquí rau la clau: té sentit demandar la fi del 'Procés', però també cal que "l'unionisme" canvïi admetent que l'independentisme ha arribat per quedar-se. Caldrà que en el segle XXI, la ideologia, indepe o no indepe, no sigui, per si sola, l'unic argument per investir o no investir un President. 

Hi ha un últim argument de pes: No hi ha Pla B.

domingo, 25 de febrero de 2018

El ajedrecista


Lo poco pero bueno que sé de política se lo debo, aparte de mi familia, a Tere Cunillera, Àngel Ros y a Marta Camps con quienes tengo una deuda impagable por cuanto me han enseñado de primera mano. Recuerdo una intervención de Gerard Guiu en una asamblea del PSC -allá por el 2009-, allí Guiu explicó que Ros era como ese ajedrecista que mueve la pieza a varias jugadas vista descolocando a quienes siguen la partida pensando en la jugada siguiente. En esto Guiu llevaba razón. Cuando estuvimos juntos en el gabinete de alcaldía, a días Ros nos descolocaba avanzando un peón, desplazando un alfil o haciendo retroceder el caballo (entiéndase en el sentido más amplio de las decisiones políticas del día a día).  Como suele ocurrir con las decisiones que se toman en las cúpulas de las organizaciones, tras una jugada se generaba un debate de pasillo con opiniones de todo tipo. Pero la pieza ya estaba movida.  Con el transcurso del tiempo, a veces un año o dos, después de varios movimientos previstos por el ajedrecista,  allí estaba el alfil para dar jaque o ese extraño peón adelantado para evitar una desgracia.  El periodista de La Mañana, Jordi Guillaumet, recurre a esta metáfora del ajedrez en su columna de ayer sábado para ilustrar la jugada del paso de Rosa Maria Salmerón a concejala no adscrita. En mi modesta opinión, Salmerón, junto a Cristina Simó, son de lo mejor que tenía o tiene Postius en su entorno. El alcaldable del PDCAT sabe que está atrapado en la espiral del secesionismo excluyente, en la “kale borroka” parlamentaria y en Lleida ciudad esas no son ni de lejos posturas centrales cara a las municipales por mucho que se vendan a gritos. La salida de Salmerón no hace más que escorar más a Toni Postius si cabe hacia ese secesionismo radical minoritario en Lleida ciudad. La disparatada política institucional catalana da por bueno que el comunismo y el liberalismo económico se abracen por el 'Procés' agónico.  Pero pone el grito en el cielo si un Grupo Municipal del PSC, partido catalanista desde su fundación,  llega a un acuerdo de gobierno municipal con Units per Avançar, otro partido catalanista que huye (nunca mejor dicho en el caso de Salmerón) del secesionismo unilateral y excluyente. Veremos cómo se desarrolla la partida. De momento, Postius se ha enrocado con mi amigo Paco Cerdà quien,  tras la salida de Salmerón, se queda con Postius más descolocado políticamente que un pulpo en un garaje.

sábado, 20 de enero de 2018

Hipnotizados con el himno.

Feliz año! Nueva legislatura. De su primer acto me quedo con una anécdota: parece ser que no cantar el himno de “Els Segadors” en el Parlament supone una falta de decoro. No sé yo. Himnos los hay religiosos, deportivos, políticos, institucionales, ¿no? Son canciones a las que un colectivo les atribuye unos valores más allá de las notas, la letra y la armonía.  Pero ¿de verdad alguien cree que no cantarlos supone una falta de respeto a esos valores? En las misas de Montserrat no todos los fieles cantan el Virolai, y no veo en ello una falta de respeto a Jacint Verdaguer ni a la Iglesia. Y, no sé, en el Camps d’Esports tampoco veo toda la grada desgañitándose con la letra del himno. Lo que sí podría ser una falta de respeto, convendrán, es abuchearlo y silbarlo. Sea el himno que sea.  ¿Se imaginan tres bancos del Monasterio de Montserrat silbando el Virolai en plena eucarística? Pues eso. Y si me permiten un comentario jocoso, se podría hablar también de si supone una falta de respeto destrozar un himno desafinando a mansalva; ese cante que se confunde con el chillido del  gato cuando le pisan la cola.   Cuestionar a alguien por no cantar un himno da grima, es desazonador y retrotrae a otras épocas de mambo. Pero ya conocen el túnel psicodélico en el que andamos metidos, donde cualquier ruido suena música celestial siempre que lo canten los míos, claro. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

Banana Bar

A los que nacisteis a finales de los 80 lo que escribiré os sonará chino.  Pero hubo una época de esta ciudad en que la zona de “Los Vinos” hoy Centre Históric era el meollo del fin de semana.  Hablo especialmente de las tardes, no tanto la noche, que también.  Había muchos bares. Para mí, sin ánimo de polemizar, el más relevante era el Banana. Un garito de no más de 20m€ situado al lado del también desaparecido  Can Jovens,  más o menos donde hoy está el Gilda. Abría de 6 a 10 de la tarde, y  a las 8 se ponía a petar, sobretodo la calle. Un horario que hoy se me hace extravagante. Como suele pasar en estos bares de ciudades pequeñas aquella gente acabábamos siendo una inmensa familia. Era el gran punto de encuentro de jóvenes de todo tipo y de todo barrio. Todo el mundo se conocía de vista. El bueno de René fijo a los platos siempre con una sonrisa. Y se bebía, vaya si se bebía, mucho más que las tardes de ahora. Eran otros tiempos; era legal conducir con menos de 0,8 gramos de alcohol por litro de sangre; era legal conducir ciclomotores sin casco algo hoy impensable. En esto hemos evolucionado bien, porque se ha reducido muchísimo los accidentes de coche y moto, una página negra de aquellos años. El sexo era diferente, tenías que currártelo bastante.  Ahora, pienso, los adolescentes son más maduros en este ámbito, menos complejos y más libertad sexual. No sé cómo explicarles a mis hijos lo que suponía tener una Yamaha TZR o una Honda NSR. Las dos de 75cc. Eran las reinas. Quién no quería tener una ansiaba la otra. El resto éramos de Vespa Primavera y mucho ciclomotor. La calle del Banana era el gran escaparate de todo esto. Mucha gomina o greñas, y los primeros compases de una nueva  música que se hacía llamar máquina. Cualquier tiempo pasado fue mejor, o no.  Batallitas.