Te haré una recomendación para que la tomes o la dejes. Te la hago con todo el cariño y sin pretender ser yo, ni por asomo, árbitro de elegancia. La mascarilla quirúrgica o la llevas bien puesta, cubriendo nariz y boca, o la guardas entera en el bolsillo. Es una excentricidad, cuando no una horterada, llevarla en la barbilla, colgada de la oreja o en la cabeza a modo de boina. La mascarilla es un complemento necesario para limitar la propagación del bicho cuyo uso generalizado ha convertido en una prenda más. Al ser así, le acompaña –como a cualquier prenda- una serie de normas de educación. Me explico: uno puede estar bien con corbata o sin corbata, pero llevar la corbata atada a la cabeza o colgando de la entrepierna es excéntrico; no es lo correcto salvo que se pretenda dar la nota (algo muy respetable). Pasa lo mismo con una bufanda o un foulard. Es extraño lucir una bufanda atada a la pierna a modo de torniquete como extraño es llevar una mascarilla colgada de la oreja. A partir de esto, haz lo que te apetezca, pero la mascarilla en la barbilla es más un disfraz que otra cosa.
domingo, 2 de enero de 2022
martes, 14 de diciembre de 2021
Simplemente Navidad
Esta semana ha habido un debate en las redes sociales sobre la tradición navideña de “fer cagar el tió” que no me atrevo a clasificar. En su día ya se disertó -atentos- sobre el sexo del tronco en cuestión. Hay quien afirmaba que se trata de un macho: tió, frente los que defendían que es una hembra: tiona. Desconozco si había partidarios de sexo indefinido: tione.
El debate ha derivado hacia el ritual en sí. Se analiza si dar de hostias a un indefenso tronquito sonriente hasta que cague todo lo que guarda en sus entrañas es un acto manifiestamente violento y por tanto poco educativo. Piensen que el tronquito se vacía cuando está harto de recibir bastonazos en sus costillas, y es en ese preciso momento cuando sus agresores se lanzan como cavernícolas a recoger sus despojos. Ni tengo opinión sobre esto, ni tengo intención de dedicar un segundo a creármela, porque si me detuviera en estas reflexiones navideñas no haría nada estas fiestas. Si me afectara, tal vez no haría cagar el tió por si fomento la agresividad entre los niños; o tal vez no compraría regalos por si fomentan el consumismo y el materialismo; no me reuniría con mis seres queridos porque peligra la sanidad pública; no llevaría a mis hijos a ver una cabalgata de reyes magos machos porque tal vez les inculco un modelo patriarcal y misógino. Respiremos. Sean ustedes mismos. Sigan las tradiciones que heredaron de su abuela tal como ella se las legó. Fluyan. Denle, si les da la gana, una paliza al tió como si no hubiera un mañana. Monten un belén, si siempre lo han hecho, aunque el yerno el cuñado o la nuera sean laicos activistas. O no lo monten, pero fluyan. Háganle el mejor regalo que puedan permitirse a sus seres más queridos. Reúnanse con su familia, abrácenla y no escatimen palabras de amor. Vivan la vida porque, como dice el brillante anuncio de Campofrío: "La vida no es para vivirla acojonado. La vida es acojonante".
Feliz Navidad.
domingo, 5 de diciembre de 2021
Som una ciutat unida pel sol d’hivern.
Lleida és un territori intel·ligent i humil; per això no ens incomoda riure’ns de nosaltres mateixos. Un lleidatà autèntic és foteta per naturalesa, no hi pot fer res, però sense arribar al sarcasme. Ens agrada saber intimitats de l’altre, però respectem el joc net a l’hora dels odis. Dos lleidatans de soca-rel mai no se’n faran de sang. Som carrinclons —tot i que costi definir científicament l’expressió carrincló—, però no estem per fer volar coloms; som assenyats i valorem la feina ben feta. Tot i ser una ciutat especialment acollidora, sabem distingir al minut un paracaigudista d’un de casa, amb qui tenim més complicitat. Som una ciutat unida pel sol d’hivern, pel mes de maig i pel Marraco. I sí, el tòpic és cert: quan tornes a Lleida i veus la Seu a l’horitzó, t’invaeix aquella sensació fraternal de protecció. Ja ets a casa; ja ets amb els teus. Cuidem-nos i cuidem el vincle. No hi ha reptes impossibles si ens mantenim units.
miércoles, 10 de noviembre de 2021
Los trucos de Ayuso.
Ayer vi la entrevista que Pablo
Motos hizo a Isabel Ayuso en El Hormiguero. Recomiendo a los asesores en
comunicación política que la revisen. Sobra decir que debería analizarse con mirada
técnica, dejando al margen, si el corazón lo permite, enfoques ideológicos y
partidistas. ¿Qué tiene esa mujer que en mayo de este año se llevó ella solita 65
escaños de 136? Oigan, más que toda la izquierda junta y en unos comicios con un
índice de participación histórico. Ayuso
contaba con los votos gran parte de la derecha convencida; unos votantes a los que les importa
un carajo quien encabeza su lista, votan a la orden y punto. Pero para ser alcaldesa
o presidenta de una comunidad y poder formar gobierno es necesario
que te voten personas que no piensan como tú, y para esta misión Ayuso da unos trucos que, bien leídos, pueden ser útiles para cualquier
candidato o candidata a cualquier cargo electo.
-
Lenguaje claro: el discurso político habitual
está poblado de lugares comunes, terminología administrativa y poses
artificiales que a veces distancian a los candidatos de la ciudadanía. Ayuso
habla muy claro. No le acompleja trasladar registros de barra de bar al
parlamento o a una entrevista en prime time. Ese es, a mi juicio, el primer truco.
-
Es divertida: el sentido del humor es
imprescindible para hacerte entender y conectar con las personas. Todavía hay
quien piensa que el sentido del humor debilita, frivoliza e incluso inhabilita.
Ayuso ha demostrado que no siempre es así. Es más fácil ser cercano siendo divertido
que siendo un muermo.
- Telegenia: Les parecerá una chorrada, pero las caídas
de ojos (en eso Ayuso es una maestra) la gestión de la sonrisa o el control de la mirada
(aspectos todos ellos que se pueden entrenar) son factores clave para acercarte
a las personas para que confíen en ti, este juego va de eso, de atesorar
confianza.
- Autenticidad y naturalidad: Por mucho que te ataquen desde las cloacas o te intenten ridiculizar no puedes dejar de ser tú misma, insisto, ya sea en el bar tomando cañas, en una reunión ortodoxa o en un parlamento. Díganme ¿a qué política se parece Ayuso? En esa reflexión está la pista.
Todo este rollo que suelto no es más que una impresión técnica. Yo no he votado al PP en mi vida ni está en mis planes votarle porque creo firmemente en modelos socialdemócratas de centro izquierda alejados de los postulados de Ayuso. Ahora bien, del mismo modo que en ESADE se analizan casos de éxito empresarial para ganar dinero con tu empresa, cualquier asesor o miembro de gabinetes de partidos de izquierda, derecha, centro o adentro haría bien en analizar en serio las técnicas comunicativas de Ayuso. Una mujer del PP que definiéndose como “callejera, tabernaria y pandillera” ganó en barrios como el de Salamanca, pero también en Vallecas.
sábado, 6 de noviembre de 2021
Seu Vella torcida
Aquella mañana Ernesto Feliu,
director de Consorcio de Turó de la Seu Vella de Lleida llegó al despacho sedado por la
monotonía. Chequeó los mails con desgana. A las 11.00h había programada una
visita de un grupo de Figueres y poco más iba a dar de
sí, se dijo, un día rutinario en la
gestión del consorcio cuando sonó el teléfono.
-¿Sí?
-Hola.
-Hola.
-¿Es usted el jefe de la Seu
Vella?-. Al otro lado de la línea hablaba un niño que a juzgar por la voz no contaba más de 10 años.
-Sí guapo. Soy el director del
Consorcio del Turó de la Seu Vella-. Aclaró Ernesto con espíritu pedagógico.
-Es que le llamo porque el
campanario está torcido.
-¿Cómo?
-Sí, está torcido.
Ernesto Feliu esbozó una sonrisa
condescendiente. Se le pasó por la cabeza una nueva coña de su pandilla. Procesó
mentalmente la voz del crio para adivinar quién de sus colegas se la gastaba
hoy al buenazo de Ernesto. En ese momento le sonó el móvil y en la pantalla
apareció el mensaje intermitente “Alcalde llamando”. Se despidió con desdén del
muchacho y contestó el móvil mientras se le aceleraba el corazón.
-Buenos días alcalde.
-¡Ernesto! ¿Pero esto qué es?
-Perdona alcalde, no entiendo.
-El campanario Ernesto, el campanario de la Seu Vella ¡está torcido! ¡Parece la puta torre de Pisa!-. Ernesto notó como la taquicardia le bombeaba en la cabeza y cuando las piernas flojearon cayó a plomo en la butaca. Y volvieron los mareos, esos dichosos mareos que le obligaron a apuntarse a Thai Chi en el centro cívico de su barrio. Escuchó de fondo el tintineo de los avisos de nuevos mensajes. Separó el móvil de la oreja y el exponente rojo del icono de WhatsApp parecía un cronómetro loco: tres, cinco, diez mensajes y subiendo. El alcalde prosiguió "subo ahora mismo, solo me faltaba esto".
Ernesto salió de su despacho y del edificio como una exhalación. Se bloqueó delante del
portal del Juicio Final, el majestuoso acceso principal al claustro y comprobó
sudoroso que no vivía una pesadilla. El campanario estaba sensiblemente
inclinado hacia el sud-oeste del claustro. Poco más pudo hacer el entrañable
Ernesto Feliu; con un blancazo de órdago se desmayó.
A las 9.00h de la mañana la Seu
Vella estaba atestada de técnicos municipales, bomberos y
la guardia urbana que procedía a acordonar el recinto. En la Puerta de
los Leones una patrulla compuesta por los agentes Piri y Alonso controlaba el
acceso atestado de curiosos. -Dispérsense, aquí no hay nada que ver. No me formen
corrillos. Circulen.
A los
pies del campanario un pequeño grupo formado por el arquitecto municipal jefe,
el intendente de la guardia urbana, el jefe de los bomberos de Lleida y el
alcalde se miraban la torre como el que se mira un saltador de trampolín antes
del salto. A cierta distancia de
ellos, concejales de gobierno y de la oposición se hacían selfies y miraban al alcalde como el que mira la piscina donde está
a punto de saltar el saltador del trampolín. Los periodistas locales
fotografiaban compulsivamente el campanario y todo lo que se movía alrededor; otros se miraban con cara de "yo me
voy con el último músico". Ernesto sigue en la ambulancia desmayado.
El Jefe de Bomberos, Juan
Colomina, hombre tranquilo bregado en mil entuertos explica sus
primeras impresiones:-No hay grietas ni escombros en el suelo. No hemos
apreciado ninguna lesión en los muros y por supuesto no hay ninguna víctima ni
daños personales.
-¿Hay alguien arriba del
campanario?-. Pregunta el alcalde mientras el arquitecto municipal jefe asiente como
diciendo: “¡oh! brillante pregunta”.
-Creemos que no. No hemos
subido-. Responde tranquilo el Jefe Colomina.
-¿Cómo que no han subido?-.
Interrumpe el Intendente de la Guardia Urbana.
-No. Esperamos a que lleguen los
perros.
-¿Qué perros?-. Preguntan todos a coro.
-Los perros adiestrados para encontrar personas en campanarios-. Sentencia el bombero.
-¿Y subirán solos o con el
adiestrador?-. Preguntó el arquitecto municipal seguro de haber planteado el dilema operativo más oportuno hasta el momento.
Ernesto Feliu despierta en la
ambulancia aparcada en la plaza de la Sardana.
El médico de la unidad móvil le aconseja irse a casa a descansar pero él se
revuelve contra el consejo y salta de la camilla como electrocutado para
reunirse con el grupo del alcalde. Al llegar a ellos pregunta al arquitecto
municipal con la mirada quien le responde tímidamente: “a ver quién sube a ver si hay
alguien”.
-¡Yo subiré al campanario!-. Suelta Feliu con un grito compatible con un salto en paracaídas-. Él es el
Director carajo. Hoy la ciudad le necesita y debe demostrar al alcalde que acertó
confiando en su persona para dirigir la joya de la época de esplendor de la
Corona de Aragón –Soy el que conoce mejor el campanario alcalde-. Se hizo un silencio incómodo que el Presidente de la Corporación interrumpió con la mirada puesta en el Jefe de Bomberos Colomina: -No Ernesto, gracias, esperemos que accedan los bomberos con las unidades caninas; ellos son los
profesionales en estos casos. Por cierto: ¿Ayer estaba torcido el campanario?
Ernesto se vio desmayado de nuevo, pero atinó a decir: -Creo que no-. Luego el alcalde miró al resto del grupo. Nadie supo dar una respuesta científica. Nadie se atrevía a afirmar si el día anterior el campanario de la Seu Vella de Lleida andaba erecto. Ante la reacción del grupo, a Ernesto se le ocurrió una gran gestión, ¡qué demonios! Él tenía clarísimo que debía hacerla. Es el Director. Se acercó diligente hacia los concejales y los periodistas y preguntó desgañitado:
-¿Alguien vio ayer el campanario torcido? ¡Es importante!
El grupo de concejales comenzó a enviar wsp y a consultar Twitter convulsivamente. Todos menos uno. Uno de ellos permaneció inmóvil abstraído de todo. Era el gran concejal Velasco, especialista en patrimonio. Un visionario. Un héroe de Twitter. Para sus seguidores un potentado tocado por la mano de los dioses del arte y la historia medieval. El genio Velasco dio un paso al frente marcándolo con un sonoro y seco zapatazo. Se formó un expectante corrillo a su alrededor y recitó solemnemente.
-Jo. Jo sé tot el que ha passat. Que treballo al Museu Diocesà de Lleida. Inútils.
Se hizo el silencio que sucede a las explosiones.
lunes, 18 de octubre de 2021
Planeta
El viernes se falló el Premio Planeta, el premio literario mejor dotado del
mundo, un millón de euros, por encima incluso del Nobel de Literatura que
cotiza a 990.000. Suelo leer la novela
ganadora del Planeta. Acostumbran a ser autores consolidados aunque la
obra vencedora deba ser inédita. Este
año, como sabrán, ha habido un extra de sorpresa: los ganadores han desvelado
la identidad de Carmen Mola, autora de la desgarradora serie “La Novia Gitana”,
“La Red Púrpura” y “La Nena”. Mucho se habló sobre quién se escondía tras ese
pseudónimo -qué sería de este país sin rumores-y en la gala se desveló por fin
el misterio. Se trata de tres hombres:
Agustín Martínez, Jorge Diaz y Antonio
Mercero, guionistas del mundo de la televisión acostumbrados por tanto a
escribir en equipos. Ellos tres se llevan el primer premio con “La Bestia”, una
novela ambientada en 1834 en Madrid. Al margen de las polémicas que acompañan
al Planeta: guerras intestinas entre editoriales, falta de implicación del
jurado- qué sería de este país sin polémicas- hay que reconocerle a premios
literarios como el Planeta y el Nadal un par de buenos méritos: el primero, su
perseverancia en la historia. El Planeta se concede desde el 1952 y el Premio
Nadal desde el 1946. Durar en cultura siempre es meritorio. Y el segundo
mérito: su apoyo interesado a la difusión de la lectura. Un país que lee y
reconoce a sus autores es un país mejor. Los premios literarios son una muestra
de salud de una sociedad, pocos premios serios verán en Afganistán o Corea del
Norte. Lo sé. Con esto que les cuento estoy recurriendo a lugares comunes, pero
vale la pena insistir en ellos, porque aquí no lee ni Dios, y menos desde que
irrumpió la maravilla Netflix en las casas.
Otro día comentaré más a fondo el Premio Nadal de la editorial Destino,
el más antiguo de España, creado en
honor a Eugenio Nadal Gaya, hermano del leridano Juan Manuel Nadal Gaya. Esa es
otra historia.
lunes, 20 de septiembre de 2021
No más pandemias.
El año no empieza en enero. Eso es una leyenda. El año empieza en setiembre; el mes en que los críos vuelven al colegio y los no tan críos retoman los estudios superiores. Comienza ahora lo que los medios de comunicación llaman “curso político” y también se inician, por ejemplo, la mayoría de las ligas deportivas. En definitiva: en setiembre empieza casi todo, incluida mi colaboración con UA1 radio.
En este curso radiofónico me he propuesto hablar de todo menos de pandemias. El tema me ha agotado tanto como en su día lo hiciera el Procés. El colapso mediático del asunto me ha exprimido el cerebro sin dejar ni una gota que decir. Si me viniera alguna ocurrencia estoy seguro de que antes ya la habrán escuchado cincuenta veces por tierra mar y aire. Me hundieron aquellos trágicos meses de balance diario de fallecidos estilo minuto y resultado. El ecosistema de paparruchas -como saben paparrucha es el término que recoge la RAE para referirse a las fake news- que inundaron las redes sociales fue un mareo extenuante. Me deshidrataron aquellas teorías elocuentes desmentidas a la semana siguiente por teorías más elocuentes todavía. Basta. Yo ya tengo bastante. Comienza setiembre. Año nuevo vida nueva. Hablaré en UA1 Radio sobre lo que me interesa: la mejora de la economía de las familias y los avances en consensos políticos para hacer de Lleida una ciudad mejor. Hablaré sobre la felicidad de los leridanos, de la ilusión, y puestos a ilusionarnos de verdad, que abra de una vez la Sala Manolita y volver allí con Santi Salvador para arreglar el mundo. Alcanzar la plena normalidad de poder decir en la puerta del local: "vengo de parte de Xavi Bosch".