sábado, 17 de octubre de 2015

Bajada del IBI de Lleida: ¿Dónde está el debate?

Nadie en su sano juicio cuestiona que la Ley Reguladora de las Haciendas Locales necesita una reforma. El Impuesto sobre Bienes Inmuebles que allí se regula grava algo tan indeterminado, tras la crisis, como el valor de un inmueble. Esa reforma, como ocurre con las reformas responsables, requiere el acompañamiento de una memoria económica que ayude, entre otras cosas, a resolver los graves problemas de financiación que sufrirán los ayuntamientos al día siguiente de ajustar la tributación al valor de mercado de las viviendas.

Mientras tanto, la idea de una bajada generalizada del IBI en Lleida resulta muy sugestiva. Se apuntan al carro la oposición al completo y, sobre todo, los grandes tenedores de solares y viviendas. A mí, de entrada, no me parece mal, pero sin trampas, porque existe un trámite previo imprescindible: una propuesta generalizada de reducción del IBI, para no convertirse en demagogia de la buena, exige una memoria económica en la que se concrete qué recortes conllevará esa rebaja.

Ese «detalle» es lo que, a veces, diferencia un canto regional de una acción política útil para la ciudad. Me explican los veteranos de la política local que, cuando Josep Giné era jefe de la oposición en La Paeria, CiU presentaba cada año unos presupuestos alternativos. Sí, lo que oyen. CiU ofrecía al Pleno una propuesta propia de gastos con sus correspondientes ingresos.

Con Isidre Gavín se perdió esa sana costumbre y entramos en la política del «no, porque yo lo valgo». Tras el oasis Zaballos, parece que Postius recupera esas técnicas «gavinianas» del eslogan sin memoria económica. Una rebaja de, por ejemplo, dos puntos del IBI supone, según los técnicos municipales, un recorte de un millón de euros al año en políticas municipales. ¿Sugerente, verdad?

¿De dónde recortamos? ¿Dónde quiere recortar la oposición y en qué importe? ¿Deporte? ¿Educación? ¿Seguridad? ¿Vivienda? O, tal vez, ¿limpieza? Ese es el debate, y corresponde a la política afrontarlo.

¡Ah! Y aviso para navegantes del crucero festivo hacia Ítaca. Aquí no valen discursos mesiánicos para recortar a destajo y envolverse en la estelada. Eso guárdenlo para la Generalitat. En el Ayuntamiento de Lleida se gobierna.