lunes, 21 de junio de 2021

El nacionalisme fa un ús abusiu de la dicotomia.

És obvi que el nacionalisme  fa un ús abusiu de la dicotomia. Allò tant retrògrad de la política de bàndols, avantsala de la confrontació.

El nacionalisme català i l’espanyol, si més no els sectors més reaccionaris, segueixen establint una visió del nostre país en dues categories oposades, adjudicant atribucions absolutes a cadascuna, sense graus. Blanc o Negre.  Pot ser que s’utilitzi com un mecanisme de reducció de la complexitat de la realitat. Ves a saber. Però és evident que el món, la natura, no és així.

Tota dicotomia és reduccionista, deixa fora els matisos i això, a  banda de poc democràtic, es més vell, avorrit i carca que una castanya. A mi em suggereix la imatge de les enormes màquines d'aixafar cotxes, que converteixen totes les variades peces en un munt de ferralla.

Però hi ha més: aquesta dicotomia dona lloc al que s'anomena "fal·làcia del fals dilema" quan deixa fora a terceres o successives opcions, fent aparèixer com un dilema a dos el que no ho és; sempre hi ha terceres vies; sempre hi ha models federals.

L'ús conscient que es fa d'aquesta dicotomia Catalunya-Espanya busca situar a l'altre obligatòriament en la categoria contrària, escamotejant altres possibilitats i carregant-lo amb una motxilla de falses atribucions. Tot el dolent per a l'altre.

Herbert Marcuse, en la seva obra "L'home unidimensional", evidencia que estem davant d'una forma de control social. Emmarcar un debat, delimitar-lo, és dirigir-lo. Recordin que la dicotomia que ens venen només pot funcionar si nosaltres fem un esforç per col·locar-nos dins d'una o altra categoria. Si ho fem, conscientment o no, estem abandonant la nostra visió individual, o potser encobrint la nostra falta de llibertat de pensament i per tant, assumim la repressió de qui ens ofereix un món Blanc o Negre. Un món tot  Catalunya o tot España.

Crec que Catalunya i la resta  d’Espanya no poden deixar de reconèixer-se mútuament ni els ciutadans deixar-se portar tan fàcilment. Cal conrear el pensament propi, per exemple amb la qüestió del indults als líders indepes, i mantenir-lo independent. Hem de ser capaços de reconèixer les trampes i el cartró. Sense por de ser acusats de traïdors a no sé quina milonga: cal pensar amb llibertat.


martes, 25 de mayo de 2021

Botellones en Lleida

En Lleida los macro botellones son una novedad. Se montan en el parque de la canalización del Segre y nos los miramos como algo exótico. No es raro ver leridanos fotografiándolos con curiosidad turística.  En el resto de España hace más de 20 años que son práctica habitual.  La primera vez que vi uno fue en Sevilla, allá por el año 2000. Había mares de jóvenes en la zona de la Expo citados para tomar las copas que ellos mismos compraban en los supermercados. El elevado precio de las consumiciones en locales nocturnos, decían, era uno de los factores que les convencía a consumir en la calle.

 A Lleida los botellones en plan macro han llegado con el final de la pandemia; no sé si para quedarse, veremos qué ocurre cuando el ocio nocturno supere la “nueva normalidad” y alcance por fin la “normalidad sensata”.

 Yo soy un defensor de las fiestas de la juventud. Defiendo que los jóvenes tomen copas si les apetece y disfruten de una vida que (dicen las abuelas y abuelos) pasa en un suspiro. Ahora bien, los macro botellones son un reto de ciudad para el que todos debemos arrimar el hombro, especialmente los propios jóvenes, siendo radicalmente cívicos. Es esencial que escojan lugares compatibles con el descanso de los vecinos y lo más importante:  recojan la mierda que los botellones dejan a su paso, que no es poca. Es comprensible, insisto, beber con los amigos -a veces hasta es deseable-, pero ser guarro y en ocasiones jactarse de ello no lo es. No existe un derecho fundamental a ser guarro con los espacios comunes.  

 Se ha dicho que el Ayuntamiento debería instalar contenedores para facilitar la limpieza del recinto; no es tan sencillo. ¿En serio debe un Ayuntamiento habilitar un espacio para botellones? ¿Entra dentro de los servicios municipales? Yo creo que no, hay cien prioridades antes de eso, pero no es más que una opinión y tengo 0,0 intención de polemizar sobre ella. Pienso que es un tema de civismo colectivo, de respeto por lo común recogiendo la porquería, pero sobre todo de que  se recupere cuanto antes el ocio nocturno.   


lunes, 26 de abril de 2021

Lleida y Huesca

 Dejamos atrás Sant Jordi, o San Jorge, como ustedes quieran.


San Jorge es también el patrón de Aragón por eso allí el 23 de abril, como saben, no es laborable.


Allá por el año 1100 la aristocracia aragonesa, enredada en una guerra contra los moros por el control del Valle del Ebro, fue la primera que adoptó el patronazgo de San Jorge en la península Ibérica. Acto seguido la aristocracia catalana, liada en la misma bronca por el control de Lleida y Tortosa, siguió el criterio de la aragonesa y también nombró patrón al “gran mártir”. Al tiempo acabaría siendo patrón de toda la Corona de Aragón.


Aragón y Catalunya no solo comparten bandera, patrón y lenguas comunes en su franja. Comparten también una rica historia de relaciones comerciales, culturales y familiares; muchas familias leridanas están unidas con familias oscenses. Todo iba bien hasta que llegó la piedra en el zapato: el enredo del museo diocesano. Les recomiendo que en este tema museístico no compren la moto entera de nadie, cojan algo de cada opinante porque todos tienen su razón. Recuerden que hasta el Tribunal Supremo reconoció la extraordinaria complejidad jurídica del enredo en su sentencia definitiva. Pero hay un momento importante que creo debe pasar a la historia de este asunto y que algunos obvian porque les rompe el relato nacionalista. Pasqual Maragall y Marcelino Iglesias llegaron a un acuerdo para compartir la propiedad de las obras de arte en litigio. Además, el pacto incluía la idea de un programa de exposiciones itinerantes. Esta era la buena, el acuerdo entre dos pueblos hermanos, entre otras cosas porque evitaba un juicio, insisto, de una complejidad extraordinaria. Fueron como siempre los sectores nacionalistas de ambas comunidades los que torpedearon el acuerdo. ¿Por qué lo hicieron? Que cada cual saque sus propias conclusiones.


Lleida está más unida cultural, comercial y familiarmente a Huesca que por ejemplo a Girona. Lo que no sobra es mantener esos vínculos y reforzarlos día a día, algo así como celebrar Sant Jordi en Huesca y San Jorge en Lleida.

martes, 30 de marzo de 2021

Love of Lesbian


El sábado estuve en el concierto que Love of Lesbian dio en el Palau Sant Jordi. Supongo que muchos sabrán de qué hablo, porque el acontecimiento ha abierto la mayoría de los diarios nacionales.  5.000 personas tuvimos la suerte de cazar al vuelo algunas de las entradas que se agotaron en pocas horas. La organización del evento ha rozado la perfección. A las 11.15 de la mañana tenía cita en la Sala Apolo para realizarme la prueba de antígenos. Previamente me descargué una aplicación que se vinculaba a la entrada con la finalidad de acreditar en los accesos al recinto el resultado del test. En la pista de baile de la Sala Apolo había un auténtico hospital de campaña con diez boxes equipados para realizar las pruebas. En cada box, una sanitaria realizaba la prueba y a los 20 minutos recibí el resultado que me permitía acceder al Palau, junto a la exhibición del DNI y la entrada.   Leo en la prensa que de las 5.000 personas que se hicieron el test tan solo 6 dieron positivo. A las 6 de la tarde, una vez en la cola del recinto, la organización me facilitó una mascarilla FFP2 de uso obligatorio durante todo el concierto. Dentro del pabellón no se podía beber ni, lógicamente, fumar para evitar sacarse la mascarilla; estas actividades solo estaban permitidas en el exterior. En los instantes previos al concierto, un vídeo presentado por el Doctor Bonaventura Clotet y en el que participaba su equipo médico fue una inyección de optimismo hacia un público con ganas de vivir. Un concierto es una comunión entre público y artista, en este caso el equipo médico formó parte de esa comunión por méritos propios. Y empezó el concierto, Santi Balmes saltó al escenario con la voz rota de emoción. La banda, como todas, llevaba más de un año sin subirse a un escenario.  


Es cierto lo que explican algunas crónicas: entre el público había mucha gente llorando de emoción. Todos lo dimos todo: organizadores, público y por supuesto Love of Lesbian.   Esta pandemia nos ha hecho daño, pero también nos ha hecho más humanos. Y esta humanidad se manifiesta en la cultura. Salimos del concierto con la sensación de haber participado en algo grande. Contra la pandemia se lucha a cara perro en los hospitales y en retaguardia con la vacunación y con la investigación; pero también hay que investigar en la organización de eventos, hay que luchar por las relaciones humanas y luchar es probar e intentar. El mundo miró hacia el Palau Sant Jordi el sábado por la tarde y vio un público con ganas de vivir que se comportó, insisto, con humanidad.  Dimos un paso tan importante para la música en directo y para la organización de eventos que no podía menos que dedicarle esta crónica.

martes, 2 de marzo de 2021

On és el límit?

 

"On és el límit?"

El desembre de 2007, la Diputació de Lleida governada per ERC i el PSC va retirar una sèrie de fotografies que l'artista Carlos Santos havia inclòs en la seva exposició Crits de crist al Crist de crits a la Sala de l'Institut d'Estudis Ilerdencs. Jo aquell mandat treballava a la Diputació. En el sopar de Nadal d'aquell 2007, Joan Busqueta, director aleshores de l'IEI, va exposar els motius de la retirada de les fotografies. Tot l'equip de govern vam estar d'acord amb Busqueta i li vam manifestar el nostre suport. I és que l'artista havia fotografiat amb paciència les seves pròpies defecacions, jugant amb les variacions del producte en funció dels aliments ingerits prèviament. La resta de l'exposició la formava una sèrie de crucifixos en diferents situacions: dins uns calçotets... En fi, i tot això davant la catedral, en plena època nadalenca, i en un equipament públic. El govern va "convidar a retirar" la part de l'exposició que feria la sensibilitat dels lleidatans respectuosos amb el catolicisme. L'artista no va assistir a la inauguració com acte de protesta. Recordo que només el Diari Segre va parlar obertament de censura. La resta de mitjans i la majoria de la societat lleidatana va entendre perfectament la decisió del govern de la Diputació. La gent a favor de l'exposició apel·lava la llibertat d'expressió. La reflexió de moda és si hi ha haver límits a la llibertat d'expressió. Digui'm, on és el límit? És necessari per ser lliures cagar-se literalment en el símbol religiós del veí de carrer? Anant més enllà, cal protegir una cançó o exposició que animi a matar jueus? I "peperos"? Cal protegir un article de premsa que animi a matar "peperos"? I dones? Cal protegir i preservar en virtut de la llibertat d'expressió una cançó o una columna d'un diari o una exposició que anima a matar les dones? Sí? No? El debat és etern i l'única solució possible és que 350 representants escollits democràticament ho legislin al parlament. I acceptar tots el sentit de la legislació i delegar després en l'Estat el monopoli de la violència per a fer complir aquesta legislació. Avui aquest criteri és el més semblant a una postura sensata

viernes, 5 de febrero de 2021

Soc "leridanista".


"Sóc "leridanista"

Però no aquell leridanismo de postguerra que qüestionava la catalanitat de pura soca de Lleida i volia incloure la capital de Ponent en una regió emmarcada en la zona de l'Ebre. Sóc leridanista al segle XXI perquè defenso els interessos de Lleida per sobre del que pensin Junqueras, Illa, Puigdemont o Lionel Messi. Qui em vulgui entendre, m'entén.

No poques vegades el centralisme de Barcelona ens ha perjudicat més que el de Madrid. N'hi ha exemples en matèria d'infraestructures, algun en política hidrològica, i un de massa evident, l'estiu passat, en les mesures sanitàries que limitaven dràsticament la mobilitat dels lleidatans mentre que, en altres indrets de Catalunya, s'actuava de manera diferent.

Aquest leridanismo genètic m'obliga a recordar, ara que estem en campanya electoral i enmig del monotema sanitari, que aviat comença la campanya de la fruita a Lleida —quan dic aviat, vull dir que ja al març i a l'abril es comença a collir alguna cosa—, i que assolirà el màxim esplendor al juny. Cal recordar que, en els propers mesos, molts municipis del Baix Segre duplicaran la seva població amb l'arribada de 30.000 treballadors temporers vinguts d'arreu del món. A més d'aquests 30.000, es preveu que n'arribin 12.000 més sense regularitzar i sense allotjament assegurat, molts dels quals destinats a malviure als carrers dels pobles i, sobretot, de la ciutat. De moment no hi ha —o almenys no s'ha fet públic— cap Pla de Contingència ni cap Protocol Sanitari, i ja fem tard. Em consta que els alcaldes del Baix Segre porten temps saltant de despatx en despatx, de reunió en reunió, demanant aquest Protocol Sanitari, i que porten tot el 2020 avisant-ne. El gerent de l'Arnau de Vilanova també ha avisat, en una declaració recent, que cal prendre mesures a les portes de la segona campanya de fruita en context pandèmic.

Això no va de partits bons contra dolents, ni de tigres contra lleons, ni de carregar-li tot el mort a l'Estat, a la Generalitat, als empresaris del camp i encara menys als ajuntaments. Això va de defensar els interessos de Lleida amb una sola veu, traslladant a la resta de Catalunya un problema d'àmbit autonòmic, no pas un tema local menor. I ho hem de fer nosaltres mateixos perquè, no ens enganyem, no trobarem la campanya de la fruita de Lleida entre les prioritats de l'agenda política de Llevant. Digueu-n'hi leridanisme si convé; tant me fa.


jueves, 3 de diciembre de 2020

La penitencia de hacer listas.

A veces puede ser más relajante dejarse desollar por un charcutero ciego que dirigir un partido político.  Los partidos son asociaciones de personas adultas unidas por ideales comunes, pero cuando toca hacer listas entran en modo The Twilight Zone.  Hay personas encantadoras que sufren transformaciones propias de un Gremlin tras zamparse ración doble de alubias pasada la medianoche de la convocatoria electoral. Es un periodo de sorpresas con giros propios de película de Shyamalan donde A pasa a Z y Z a A según algoritmos esotéricos y eso que siempre ha sido blanco será unos días negro y luego ya veremos. Con el chupinazo comienza la sopa de letras. Emergen nombres y más nombres que suenan y resuenan y muecas cada vez que suena el nombre y caras de póker cada vez que suena el nombre. No envidio en absoluto a las personas llamadas a decidir candidaturas; es una misión sumamente desagradecida. Opino que es como una penitencia. Un amigo que antaño arrastró esa cruz me decía: “en cada congreso y en cada elección pierdo un amigo”. Pues eso, penitencia pecador.

Pasado el orgasmo de las listas los partidos encaran la campaña electoral arrastrando heridas íntimas que sangrarán en silencio hasta que una nueva candidatura las cicatrice. Queda en el ínterin una asociación sosegada, imprescindible para el desarrollo de una sociedad democrática.

El trago de constituir órganos de gobierno de los partidos es similar, pero no  tan visceral. Al principio no poca gente quiere formar parte de las ejecutivas, pero una vez constituidas suele darse salida de caballo y parada de burro. Sobre todo en la gente nueva, tan necesaria en los partidos, que empieza con ilusión salvaje para aflojar al comprobar en sus carnes la dificultad que entraña innovar en política. Al final el proyecto rueda gracias a la plantilla en nómina del partido; las mujeres y los hombres que lo empujan en silencio. 

Recuerdo perfectamente cuando comuniqué a un inmenso político de Lleida que me iba a afiliar a un partido. De hecho él llegó a presidir uno.  Ojalá lea este post y recuerde la conversación esbozando una sonrisa. Fue algo así como: “m’afilio al partit”, “però què dius Guillermo! Afilia’t a un club de golf home, seràs infinitament més feliç”. Tanto él como yo seguimos y seguiremos siempre en un partido, exhibiendo con orgullo y cierta nostalgia nuestras cicatrices