Los
escrutinios electorales confirman previsiones y hacen saltar sorpresas. La
victoria del PSC en Lleida entraba dentro de las previsiones sensatas, por
mucho que algunas encuestas no la asegurasen. En 2019 las elecciones las perdió
el PSC; las de 2023 las han ganado el PSC y Félix Larrosa, gracias a mucho
barrio, una oposición inteligente y una campaña electoral responsable. También
estaba meridianamente clara la subida del PP, si bien saltó de lo lindo la
sorpresa con esos cinco concejales que no se creía ni el propio Xavier Palau.
VOX entra en la Paeria: nada nuevo bajo el sol. En Lleida no somos la aldea de
Astérix y Obélix, aislada del imperio e impermeable a ese ascenso de la extrema
derecha en Europa. Los motivos del ascenso de VOX los sabemos todos, aunque nos
cueste reconocerlo. Era previsible también el desgaste de los partidos del
gobierno municipal por la evidente desmotivación de parte de sus votantes,
desengañados por el "procés". Además, según las declaraciones de
Miquel Pueyo en la noche electoral: "el tripartito inicial y el bipartito
posterior no han convencido".
Yo
respeto mucho las opiniones de cualquiera sobre un determinado partido, pero no
admito que se cuestione a sus votantes. Todos los partidos que han entrado en
la Paeria representan vecinos de Lleida que han votado a conciencia y han
depositado su esperanza en su papeleta; todos ellos se merecen respeto y
consideración. Pensar lo contrario es supremacista. Lleida no es mejor cuando
vota a los míos ni peor cuando vota a los demás. La ciudad está por encima de
prejuicios y sectarismos. Comienza un nuevo mandato. Probablemente estará
marcado por aquello que llaman geometría variable. El PSC debería dialogar con
todos los partidos precisamente porque todos ellos representan la esperanza de
vecinos de Lleida. Por contra, opino que es una irresponsabilidad vetar pactos
y acuerdos así de primeras y a cara perro simplemente por algo tan trasnochado
como el apoyo a la guerra de Irak, al 155 o a la Restauración de Alfonso XII