viernes, 23 de marzo de 2018

Plan A


Després de seguir el Ple d’investidura del Parlament d’ahir 22 de març, i exercint el meu dret a somiar, compateixo la meva modesta fulla de ruta per sortir de l’atzucac, de la rentadora, de la roda d’hàmster...del Dia de la Marmota:

1.- S’investeix amb els vots del PSC ( i qui sap si de C,S)  una Presidenta o  un President indepe que hagi aparcat el ‘Procés’ prioritzant l’autogovern, les polítiques socials i el desenvolupament econòmic.

2.- Conseqüència directa del punt 1, es recupera la normalitat institucional sense renunciar cadascú a la seva ideologia i cauen les mesures derivades de l’article 155 de la Constitució recuperant-se l’autogovern.

3.- Arribats aquest punt, es redueix, si no s’elimina, el risc de reiteració delictiva dels polítics empresonats pels presumptes delictes de rebel·lió, sedició i malversació de fons públics, motiu pel qual la presó preventiva tindria poca justificació jurídica.

Aquesta “Fulla de ruta” requereix visió d’Estat, requereix de l’independentisme llums llargues i també cessions importants de C,s (Iceta les va oferir ahir), perquè un govern pot fer polítiques de consens pel desenvolupament econòmic i social de Catalunya en el marc de l’Estatut i la Constitució independentment que sigui indepe, federalista o unionista. Aquí rau la clau: té sentit demandar la fi del 'Procés', però també cal que "l'unionisme" canvïi admetent que l'independentisme ha arribat per quedar-se. Caldrà que en el segle XXI, la ideologia, indepe o no indepe, no sigui, per si sola, l'unic argument per investir o no investir un President. 

Hi ha un últim argument de pes: No hi ha Pla B.

domingo, 25 de febrero de 2018

El ajedrecista


Lo poco pero bueno que sé de política se lo debo, aparte de mi familia, a Tere Cunillera, Àngel Ros y a Marta Camps con quienes tengo una deuda impagable por cuanto me han enseñado de primera mano. Recuerdo una intervención de Gerard Guiu en una asamblea del PSC -allá por el 2009-, allí Guiu explicó que Ros era como ese ajedrecista que mueve la pieza a varias jugadas vista descolocando a quienes siguen la partida. En esto Guiu llevaba razón. Cuando estuvimos juntos en el gabinete de alcaldía, a días Ros nos descolocaba avanzando un peón, desplazando un alfil o haciendo retroceder el caballo (entiéndase en el sentido más amplio de las decisiones políticas del día a día).  Como suele ocurrir con las decisiones que se toman en las cúpulas de las organizaciones, tras una jugada se generaba un debate de pasillo con opiniones de todo tipo. Pero la pieza ya estaba movida.  Con el transcurso del tiempo, a veces un año o dos, después de varios movimientos previstos por el ajedrecista,  allí estaba el alfil para dar jaque o ese extraño peón adelantado para evitar una desgracia.  El periodista de La Mañana, Jordi Guillaumet, recurre a esta metáfora del ajedrez en su columna de ayer sábado para ilustrar la jugada del paso de Rosa Maria Salmerón a concejala no adscrita. En mi modesta opinión, Salmerón, junto a Cristina Simó, son de lo mejor que tenía o tiene Postius en su entorno. El alcaldable del PDCAT sabe que está atrapado en la espiral del secesionismo excluyente, en la “kale borroka” parlamentaria y en Lleida ciudad esas no son ni de lejos posturas centrales cara a las municipales por mucho que se vendan a gritos. La salida de Salmerón no hace sino escorar más a Toni Postius hacia ese secesionismo radical minoritario en Lleida ciudad. La disparatada política institucional catalana da por bueno que el comunismo y el liberalismo económico se abracen por el 'Procés' agónico; pero pone el grito en el cielo si un Grupo Municipal del PSC, partido catalanista desde su fundación,  llega a un acuerdo de gobierno municipal con Units per Avançar, otro partido catalanista que huye (nunca mejor dicho en el caso de Salmerón) del secesionismo unilateral y excluyente. Veremos cómo se desarrolla la partida. De momento, Postius se ha enrocado con mi amigo Paco Cerdà quien,  tras la salida de Salmerón, se queda con Postius más descolocado políticamente que un pulpo en un garaje.

sábado, 20 de enero de 2018

Hipnotizados con el himno.

¡Feliz año! Nueva legislatura. De su primer acto me quedo con una anécdota: parece ser que no cantar el himno de “Els Segadors” en el Parlament supone una falta de decoro. No sé yo. Himnos los hay religiosos, deportivos, políticos, institucionales, ¿no? Son canciones a las que un colectivo les atribuye unos valores más allá de las notas, la letra y la armonía.  Pero ¿de verdad alguien cree que no cantarlos supone una falta de respeto a esos valores? En las misas de Montserrat no todos los fieles cantan el Virolai y no veo en ello una falta de respeto a Jacint Verdaguer ni a la Iglesia. Y, no sé, en el Camps d’Esports tampoco veo toda la grada desgañitándose con la letra del himno. Lo que sí podría ser una falta de respeto, convendrán, es abuchearlo y silbarlo. Sea el himno que sea.  ¿Se imaginan tres bancos del Monasterio de Montserrat silbando el Virolai en plena eucarística? Pues eso. Y si me permiten un comentario jocoso, se podría hablar también de si supone una falta de respeto destrozar un himno desafinando a mansalva; ese cante que se confunde con el chillido del  gato cuando le pisan la cola.   Afear a alguien por no cantar un himno da grima, es desazonador y retrotrae a otras épocas de mambo. Pero ya conocen el túnel psicodélico en el que andamos metidos, donde cualquier ruido suena música celestial, siempre que lo canten los míos, claro. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

Banana Bar

A los que nacisteis a finales de los 80 en adelante lo que escribiré os sonará chino.  Pero hubo una época de esta ciudad en que la zona de “Los Vinos” hoy Centre Históric era el meollo del fin de semana.  Hablo especialmente de las tardes, no tanto la noche, que también.  Había muchos bares. Para mí, sin ánimo de polemizar, el más relevante era el Banana. Un garito de no más de 20m2 situado al lado del también desaparecido  Can Jovens,  más o menos donde hoy está el Gilda. Abría de 6 a 10 de la tarde -un horario que hoy se me hace extravagante- y a eso de las 8 se ponía el bar a petar, y sobretodo su calle. Como suele pasar en estos bares de ciudades pequeñas aquella gente acabábamos siendo una inmensa familia. Era el gran punto de encuentro de jóvenes de todo tipo y de todo barrio. Todo el mundo se conocía como mínimo de vista. El bueno de René fijo a los platos siempre con una sonrisa. Y se bebía, vaya si se bebía, mucho más que las tardes de ahora. Eran otros tiempos; era legal conducir con menos de 0,8 gramos de alcohol por litro de sangre; era legal conducir ciclomotores sin casco algo hoy impensable. En esto hemos evolucionado bien, porque hoy se ha reducido muchísimo los accidentes de coche y moto, una página negra de aquellos años. El sexo era diferente, tenías que currártelo bastante.  Ahora, pienso, los adolescentes son más maduros en este ámbito, menos complejos y más libertad sexual. No sé cómo explicarles a mis hijos lo que suponía tener una Yamaha TZR o una Honda NSR. Las dos de 75cc. Eran las reinas. Quién no quería tener una ansiaba la otra. El resto éramos de Vespa Primavera y mucho ciclomotor. La calle del Banana era el gran escaparate de todo esto. Mucha gomina o greñas, y los primeros compases de una nueva  música que se hacía llamar máquina. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

lunes, 30 de octubre de 2017

Adoctrinamiento.

La semana pasada tuve reunión de padres y madres en el colegio de mis hijos; se nos citó en la clase. Lo primero que me llamó la atención fue la nueva disposición de los pupitres en forma rectangular. Con esta disposición se busca facilitar la relación del grupo y fortalecer el trabajo en equipo de los niños. La reunión iba del seguimiento del nuevo sistema pedagógico que desarrolla el centro. En síntesis, la tutora explicó entusiasmada un sistema sin horarios (salvo inglés, educación física y música que requieren especialistas) para adaptar los contenidos al funcionamiento de cada grupo. Lejos quedarán las lecciones magistrales de horario cuadriculado, de 10 a 11, de 11 a 12, martes jueves y viernes, muchas de ellas ladrillos infumables. Ahora se enseña a analizar, a buscarse la vida en la búsqueda de contenidos y a ponerlos en común; a debatir; a saber expresar las propias opiniones y trabajar en equipo. El sistema me alucinó. Hoy el conocimiento está todo en internet. No hace falta que el profesor dé la matraca con los reyes godos. Los reyes godos y sus familias están todos en Google a un click. Hay que trabajarlos. Nuestros hijos necesitan aprender a distinguir posverdad de realidad. Manipulación de dato. Adoctrinamiento de explicación.  A cribar la cascada de información que les inunda por tierra mar y aire y a discernir qué es aprovechable y qué no. Si hay un tsunami en Japón, en clase se tratará el tema de los tsunamis desde varios ángulos: la meteorología, la geografía, la economía, y se sacan conclusiones. El niño tendrá instrumentos para analizar, esa semana, qué es un tsunami y relacionar sus conocimientos con el contexto mediático. Cuando yo hacía EGB te tragabas lo que decía el profesor y, como mucho, tirabas del Libro Gordo de Petete. Si había un tsunami allá tú, esa mañana tocaba plástica y matemáticas. Yo tenía la enciclopedia de mis padres y los libros que me regalaban; mis hijos, además, tienen Google. Lo que hoy describo, amigos, es todo lo contrario a adoctrinar.  Es aprender a pensar, a no dar nada por indiscutible aunque lo jure un periodista de TV3.  Que cada alumno gane las aptitudes para extraer sus propias conclusiones y saberlas defender. 

martes, 3 de octubre de 2017

Explico algunas cosas…

…es el título de un duro poema de Neruda –os  dejo el enlace-. Narra la trágica transformación de su barrio de Argüelles (Madrid) consecuencia de la guerra civil. Pablo describe su barrio como un lugar idílico, pero “una mañana todo estaba ardiendo” y “las hogueras salían de la tierra”.  La gente de mi generación hemos crecido en libertad regalada. Sin guerras. No sabemos valorar la cohesión social porque venía de gratis.  Pero esa cohesión se trabaja en cada gesto, en cada tweet y en cada decisión política. Cuando escribo estas palabras tengo la sensación de que algo se desmonta. Se deshace. Algunos de mis amigos, irreconocibles, viven el mono tema de un modo que roza la obsesión.   No reconozco personas con las que arrastro una excelente relación de años y hoy me señalan en las redes sociales como poco menos que responsable de cargas policiales.  No conciben que pueda condenar la dureza de la intervención policial de domingo y seguir en contra del referéndum ilegal. No veía imágenes tan duras de policía cargando contra manifestantes pacíficos desde el 15M en Plaza Catalunya. Eres cómplice, me dicen, porque o estás allí, o aquí. Todo según el puto guion de los dos bloques trabajado minuciosamente en los centros de operaciones de Moncloa y Sant Jaume; dos bandos bien definidos, antesala del conflicto.  Hace cuatro años, cuando explicaba que podía llegar lo que está pasando estos días saltaba la respuesta muelle “estrategia de la por”, que esto iba de “somriures” y ahí se acababa. Pero aquí seguimos, en manos de dos tipos que no se hablan, totalmente desacreditados para velar por la cohesión social. Al de allí se la trae al pairo lo que pasa en Catalunya, parece que en su esquema mental se trate ya de un estado independiente y el de aquí, viéndose incapaz de conseguir sus objetivos en las urnas legales se hace un referéndum casero a medida, cueste lo que cueste.  Miren, sigo pensando que la secesión es un suicidio político, que la manipulación del Estatuto y los reglamentos parlamentarios para fabricar referendos prêt-à-porter es una estafa. Y pienso con la misma fuerza, que no quiero formar parte de la España dibujada por este PP. Pero, respiremos, por encima de todo quiero vivir en un país cohesionado y si no hay cambio de actores por otros capaces de dialogar el conflicto entre nosotros puede ser irreversible. Y créanme, no es “estrategia de la por”. Solo lucho para no ver jamás nada parecido al último verso del poema de Neruda.  

sábado, 23 de septiembre de 2017

Cambio de actores para evitar el mambo.

Cualquier persona con un mínimo de curiosidad por la política conocía el guion de esta peli y su desenlace.  Ahora no nos echemos las manos a la cabeza. Los socialdemócratas de Catalunya llevamos años explicando que este tema dividía la sociedad catalana y hacía peligrar la convivencia. Lo dijimos charlando, gritando y hasta bailando.  Con dos gobiernos (que no dos sociedades) enrocados en sus dogmas no había otro desenlace posible. El Estado es implacable. Se te echa encima como un pulpo gigante y es imposible soltarte: sanciones del TC, intervención de las cuentas públicas, despliegue de fuerzas del orden público…implacable.  El gobierno de Catalunya (que no la sociedad catalana) ha iniciado un pulso que nunca ganará contra el gobierno del resto de España (que no la sociedad española).   Y la clave está en que la secesión, al menos hasta hace unos días, no cuenta con una clara mayoría social. Es obvio que sí cuenta con más partidarios de salir a la calle -la causa es romántica y tiene ese punto épico que la hace sugestiva-, pero, repito, no viene apoyada por una mayoría social a la altura de las circunstancias. Tiene a su favor un aliciente que nos pone a muchos, y es el de enfrentarse a cara perro con el PP más ausente de la historia. Hasta Aznar cerró acuerdos que desarrollaban el autogobierno catalán, pero Rajoy sigue en modo meditación.   Volviendo a lo de la mayoría social, algún periodista local al que le interese estudiar el tema podría comparar las fotografías de las manifestaciones en Rambla de Aragón del 97 y del 2003 con las de estos días. La primera fue contra el terrorismo de ETA consecuencia del asesinato de Miguel Àngel Blanco, y la segunda contra la participación de España en la guerra de Irak. Según datos del CIS de la época, el 90% estábamos en contra de la intervención armada en Irak. Esto es una mayoría social clara. Por eso ETA se acabó y por eso el PP saltó del gobierno y Zapatero retiró las tropas de Irak.  Los secesionistas en su argumentario abrazan el famoso 80% del Parlamento a favor del “derecho a decidir” y de una"consulta”. Cierto. Todo el mundo quiere comer, amar y decidir su futuro.  Pero es falaz que esa aceptación parlamentaria sea trasladable al referéndum  sin garantías democráticas del 1 de octubre. Que el problema catalán se debe solucionar votando lo saben mis hijos de nueve años pero, tal como he opinado en otros sitios, para votar con garantías democráticas hace falta un cambio de actores. Y hace falta cerrar un acuerdo político de cesiones recíprocas, negociando quién y qué votar: ya sea una reforma de la constitución; sea un referéndum de ámbito estatal o bien una reforma del Estatuto de Catalunya. Pero si el juguete sigue en manos de Rajoy, las CUP, Puigdemont y Junqueras la ruptura de la convivencia del pueblo catalán está asegurada. Y todos sabemos que llegará implacable lo que nadie, excepto los exaltados de ambos bandos, queremos que llegue.